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World Social Forum - Porto Alegre , January 24, 2003



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Background


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IPS gratefully acknowledges the financial support received for this publication from: Novib Oxfam Netherlands and the Charles Stewart Mott Foundation.

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Debra Anthony
Zarina Geloo
Marwaan Macan-Markar
Sanjay Suri
Kalinga Seneviratne


 

 


 

Entrevista a Claudio Martini

En opinión de Claudio Martini, presidente de la Región italiana de Toscana, Porto Alegre y Davos se miran; y en forma indirecta, no declarada, se influyen mutuamente, en una interacción que considera muy útil. En su intervención durante el Foro de Autoridades Locales por la inclusión

Social, este representante dijo, que, a pesar de los peligros inminentes de guerra, hay que insistir en las iniciativas de impulso al desarrollo sostenible, la defensa de los derechos humanos, y la democracia directa, porque es a través de esos esfuerzos como se colabora en la consolidación de la paz.

Martini piensa que en los jóvenes de hoy existen formas de degradación cultural, de una cierta apatía, de indiferencia e individualismo, pero reivindica la fuerza de la vocación solidaria, del compromiso ambientalista y pacifista que coexiste con las otras tendencias y convierte las nuevas generaciones en un factor decisivo para enfrentar los desafíos que el momento actual plantea.

¿Cuál es el sentido de la presencia de representantes de ciudades y regiones italianas en este foro?

Venimos antes que nada para aprender, porque este debate es muy interesante, abre perspectivas nuevas en el plaño cultural y político, y la interrelación con experiencias hechas en otros países desarrollados o no, europeos o no, es siempre útil. Y venimos también a transmitir el significado de nuestra experiencia. Yo veo una fuerte presencia toscana más que italiana, porque en nuestra región hay una tradición de atención a los temas de la cooperación, los derechos humanos, la reflexión crítica sobre la globalización, que aquí tiene una sede natural, como la tuvo en Florencia cuando se desarrolló el Foro Social Europeo. Porto Alegre y Florencia están por lo tanto unidas por una cierta forma de hermanamiento ideal, cultural y político. Por eso participar en este foro es para nosotros un hecho natural.

¿Son los mismos los temas en debate para todos los participantes? ¿Son comparables por ejemplo las formas que adopta la exclusión social y los efectos de la globalización en los países desarrollados, con las que asumen en los del Sur del mundo?

Los modos en que se plantea la exclusión social no son los mismos en los países desarrollados, pero es igual el velo de la injusticia, es igual el carácter inhumano de estos procesos de exclusión. Nosotros tenemos ahora planteado con fuerza el tema de la emigración y los emigrantes, el tema de la desigualdad fuerte en las ciudades entre áreas ricas y áreas pobres, el tema de la inseguridad. Es cierto que no tenemos los problemas de hambre y desocupación, hasta de explotación de las personas que padecen los países del Sur. Entre nosotros hay fenómenos de alienación cultural, de soledad, de incertidumbre ante este desarrollo tan tumultuoso. El sufrimiento es igual, lo diferente es la forma.

¿Sigue la ciudad siendo, a pesar de todo, un ámbito válido para construir democracia, para defender la diversidad y enfrentar la exclusión?

La ciudad es un recurso fundamental, porque es el lugar de la convivencia, de la relación social, de la proyección de lo nuevo. Aunque al hablar de ciudad no se da siempre una idea exacta, porque no es lo mismo referirnos a Roma con sus cuatro millones de personas y sus problemas que a una pequeña ciudad toscana. A veces es en las pequeñas ciudades donde se encuentra la capacidad de proyectar operaciones de cooperación, de solidaridad, de inclusión social, que son más difíciles en las grandes urbes.

Usted destacó en su intervención la inclusión en la agenda del Foro Económico de Davos de algunos puntos que responden a inquietudes expresadas por sectores de la sociedad civil. ¿Cree que hay una comunicación, que los protagonistas de este proceso de Porto Alegre y los de Davos se escuchan y toman en cuenta?

Indudablemente. Yo creo que alguna forma de recíproca influencia existe, quizás no directa, no declarada, no explícita, pero el hecho que en el panel de Davos comiencen a entrar temas que son más propios de nuestra experiencia, o incluso que una persona como Lula venga a Porto Alegre y luego vaya a Davos, testimonia que, a fin de cuentas, no estamos aquí perdiendo el tiempo mientras allá discuten el futuro del mundo. Son dos aproximaciones distintas, muy distintas, en ciertos aspectos antitéticos, pero, en un cierto momento, pueden encontrar espacios de contacto, y esto creo que es muy útil.

¿Qué espacio cree usted que tienen las iniciativas para enfrentar la exclusión y encontrar formas de participación y solidaridad, para impulsar un desarrollo sostenible en un momento en que las preocupaciones de todo el mundo se concentran en el peligro inminente de una guerra de consecuencias impredecibles?

La relación entre paz y desarrollo sostenible no es una relación en un único sentido. Se dice a menudo que si no hay paz no es posible ocuparse de los problemas de la sostenibilidad, de los derechos humanos, etc. Y esto es en parte cierto. Pero hoy me interesa más la otra parte de la relación, el hecho de que, a través de experiencias de desarrollo sostenible, de derechos humanos, de democracia directa, se colabora a la consolidación de la paz. Porque la paz no es sólo la ausencia de la guerra, es un proceso de acciones positivas, que crean los anticuerpos a la cultura de la guerra. Porque no hay dudas de que, detrás del comportamiento de Bush, hay un mensaje cultural, una concepción cultural del mundo.

Se suele considerar que los jóvenes han sido ganados por la uniformización propia de la globalización, y que están lejanos a toda forma de participación solidaria. ¿Cuál es a su juicio el papel de las nuevas generaciones en este proceso de defensa de la paz y búsqueda de un desarrollo más equitativo?

Creo que los jóvenes tienen un papel protagonista, y como se ha visto en el último año, lo han desempeñado. El 2002 ha sido un año de enormes movilizaciones en todo el mundo, y no me refiero sólo al Foro Social Europeo de Florencia. Hubo manifestaciones por la paz en todo el mundo, que ya recomenzaron en este nuevo año. Los jóvenes son siempre un elemento de dinamización de la sociedad.

Es cierto que en los jóvenes de hoy encontramos formas de degradación cultural, de una cierta apatía, de indiferencia e individualismo. Pero también existían estas cosas en el 68, o en el tiempo de los hipíes. Coexisten en el universo juvenil dos dimensiones diferentes, el hedonismo y la estetización banal, comercial, la búsqueda de la camisa de marca como valor supremo, y una fuerte impronta solidaria, el compromiso ambientalista, el compromiso pacifista. Tenemos que ayudar a todos los jóvenes a asumir un papel de protagonistas en este pasaje crucial de nuestro tiempo.


 

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