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World Social Forum - Porto Alegre , January 25, 2003



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Oposición a la guerra dominará el Foro

Por Walden Bello (*)

El Foro Social Mundial (FSM) se ha convertido en la primera expresión organizada de un movimiento dotado de gran vitalidad contra la globalización dirigida por las grandes corporaciones.

Desde los acontecimientos del 11 de setiembre del 2001, este movimiento también ha adquirido una fuerte dimensión antibelicista. Se espera, por lo tanto, que la oposición hacia los planes de Estados Unidos de iniciar uma guerra contra Iraq domine los debates del FSM.

El fenómeno representado por el Foro ha tenido su cuota de críticas, incluso entre los progresistas. Un prominente intelectual estadounidense lo ha caracterizado como una reunión de gente que pretende "reformar" la globalización. Otro lo ha calificado negativamente al decir que está dominado intelectual y políticamente por movimientos políticos y sociales del Norte del planeta.

Sin embargo, estas críticas no han impedido que el FSM obtenga uma amplia adhesión a escala mundial. La reunión de este año será la culminación de un proceso apasionante desarrollado en el curso del 2002. Una serie de ciudades, incluyendo Buenos Aires y Caracas, han celebrado foros sociales del tipo del de Porto Alegre.

Fueron, sin embargo, los foros regionales las más emocionantes innovaciones del año. El Foro Social Europeo (FSE), realizado en Florencia entre el 6 y 9 de noviembre del año pasado, atrajo a más de 40.000 personas, un número tres veces superior al esperado.

Igualmente impresionante fue el recientemente concluido Foro Social Asiático (FSA), que tuvo lugar en la ciudad india de Hyderabad del 2 al 7 de enero, y que congregó a más de 14.400 participantes registrados, la mayor parte del país anfitrión, aunque hubo representaciones de otros 41 países. Los temas tratados en el FSA incluyeron la resistencia al proceder de la Organización Mundial del Comercio (OMC), los derechos de los parias, la amenaza de los movimientos fundamentalistas, los problemas creados por la construcción de grandes diques, la lucha del pueblo palestino, el robo de los recursos naturales y la economía alternativa.

Una de las razones principales por las que el proceso de Porto Alegre está ganando tanto impulso es el hecho de que proporciona un lugar de reunión en el que los movimientos y las organizaciones que lo integran pueden hallar caminos para trabajar conjuntamente pese a sus diferencias.

Mientras los habituales grupos ultraizquierdistas permanecen desafiantes fuera, el proceso del FSM ha colocado en la primera línea en Brasil, Europa e India los valores comunes y las aspiraciones de una variedad de tradiciones y tendencias políticas.

Este proceso puede ser la principal expresión de la venidera actuación conjunta de un movimiento que ha vagado durante largo tiempo por el desierto de la fragmentación y de la rivalidad. En otras palabras, el péndulo puede ahora oscilar hacia el lado de la unidad, conducido por la idea de que en una cada vez más mortífera lucha contra la militarización unilateral y la agresiva globalización empresarial las organizaciones no tienen otra elección que la de mantenerse unidas pues de lo contrario terminarán por ser "ahorcados" separadamente.

Hay otro nuevo hecho que es igualmente significativo. Desde Seattle, el movimiento contra la globalización impulsada por las grandes empresas ha conseguido un masivo apoyo a escala mundial, lo que indica que existe la capacidad para contar con muchas fuerzas en coyunturas significativas, como la de diciembre de 1999 en la Reunión Ministerial de la OMC en Seattle y la de la Cumbre del G-8 en Génova en julio del 2001. Ello le permite surtir efecto en los sucesos internacionales y adquirir globalmente un alto perfil ideológico y político.

No obstante, ser un actor internacional no necesariamente significa ser también un actor importante a escala nacional, donde las elites y partidos tradicionales continúan ocupando las posiciones de comando. Durante el año pasado, sin embargo, el movimiento ha alcanzado una adhesión masiva a escala nacional en una serie de países, la mayor parte de ellos de América Latina.

El movimiento, con su prédica, no sólo ha hecho que la adhesión a las políticas liberales sea un paso seguro hacia el desastre electoral em muchos países sino que además las fuerzas que promueven políticas antiglobalización han llegado al poder por vía electoral en Ecuador y en Brasil, sumándose así al gobierno de Hugo Chávez en Venezuela en la lucha regional antineoliberal. Quizás el más alentador es el caso de Luis Inacio Lula da Silva en Brasil, quien ganó las elecciones presidenciales de octubre pasado con 63% de los votos. Lula es la primera figura del Partido de los Trabajadores (PT) y, como todos saben, el PT es el pilar principal del FSM.

La reunión de este año es, de muchos modos, la celebración de un movimiento que, al alcanzar en considerable medida la unidad política en medio de la diversidad, ha cambiado la fisionomía de la política brasileña.

(*) Walden Bello es catedrático de Sociología y Administración Pública en la Universidad de Las Filipinas y Director de Focus on the Global South, una organización con sede en Bangkok.


 

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