| Oposición
a la guerra dominará el Foro
Por Walden Bello (*)
El Foro Social Mundial (FSM) se ha convertido en la primera
expresión organizada de un movimiento dotado de gran
vitalidad contra la globalización dirigida por las
grandes corporaciones.
Desde los acontecimientos del 11 de setiembre del 2001, este
movimiento también ha adquirido una fuerte dimensión
antibelicista. Se espera, por lo tanto, que la oposición
hacia los planes de Estados Unidos de iniciar uma guerra contra
Iraq domine los debates del FSM.
El fenómeno representado por el Foro ha tenido su
cuota de críticas, incluso entre los progresistas.
Un prominente intelectual estadounidense lo ha caracterizado
como una reunión de gente que pretende "reformar"
la globalización. Otro lo ha calificado negativamente
al decir que está dominado intelectual y políticamente
por movimientos políticos y sociales del Norte del
planeta.
Sin embargo, estas críticas no han impedido que el
FSM obtenga uma amplia adhesión a escala mundial. La
reunión de este año será la culminación
de un proceso apasionante desarrollado en el curso del 2002.
Una serie de ciudades, incluyendo Buenos Aires y Caracas,
han celebrado foros sociales del tipo del de Porto Alegre.
Fueron, sin embargo, los foros regionales las más
emocionantes innovaciones del año. El Foro Social Europeo
(FSE), realizado en Florencia entre el 6 y 9 de noviembre
del año pasado, atrajo a más de 40.000 personas,
un número tres veces superior al esperado.
Igualmente impresionante fue el recientemente concluido Foro
Social Asiático (FSA), que tuvo lugar en la ciudad
india de Hyderabad del 2 al 7 de enero, y que congregó
a más de 14.400 participantes registrados, la mayor
parte del país anfitrión, aunque hubo representaciones
de otros 41 países. Los temas tratados en el FSA incluyeron
la resistencia al proceder de la Organización Mundial
del Comercio (OMC), los derechos de los parias, la amenaza
de los movimientos fundamentalistas, los problemas creados
por la construcción de grandes diques, la lucha del
pueblo palestino, el robo de los recursos naturales y la economía
alternativa.
Una de las razones principales por las que el proceso de
Porto Alegre está ganando tanto impulso es el hecho
de que proporciona un lugar de reunión en el que los
movimientos y las organizaciones que lo integran pueden hallar
caminos para trabajar conjuntamente pese a sus diferencias.
Mientras los habituales grupos ultraizquierdistas permanecen
desafiantes fuera, el proceso del FSM ha colocado en la primera
línea en Brasil, Europa e India los valores comunes
y las aspiraciones de una variedad de tradiciones y tendencias
políticas.
Este proceso puede ser la principal expresión de la
venidera actuación conjunta de un movimiento que ha
vagado durante largo tiempo por el desierto de la fragmentación
y de la rivalidad. En otras palabras, el péndulo puede
ahora oscilar hacia el lado de la unidad, conducido por la
idea de que en una cada vez más mortífera lucha
contra la militarización unilateral y la agresiva globalización
empresarial las organizaciones no tienen otra elección
que la de mantenerse unidas pues de lo contrario terminarán
por ser "ahorcados" separadamente.
Hay otro nuevo hecho que es igualmente significativo. Desde
Seattle, el movimiento contra la globalización impulsada
por las grandes empresas ha conseguido un masivo apoyo a escala
mundial, lo que indica que existe la capacidad para contar
con muchas fuerzas en coyunturas significativas, como la de
diciembre de 1999 en la Reunión Ministerial de la OMC
en Seattle y la de la Cumbre del G-8 en Génova en julio
del 2001. Ello le permite surtir efecto en los sucesos internacionales
y adquirir globalmente un alto perfil ideológico y
político.
No obstante, ser un actor internacional no necesariamente
significa ser también un actor importante a escala
nacional, donde las elites y partidos tradicionales continúan
ocupando las posiciones de comando. Durante el año
pasado, sin embargo, el movimiento ha alcanzado una adhesión
masiva a escala nacional en una serie de países, la
mayor parte de ellos de América Latina.
El movimiento, con su prédica, no sólo ha hecho
que la adhesión a las políticas liberales sea
un paso seguro hacia el desastre electoral em muchos países
sino que además las fuerzas que promueven políticas
antiglobalización han llegado al poder por vía
electoral en Ecuador y en Brasil, sumándose así
al gobierno de Hugo Chávez en Venezuela en la lucha
regional antineoliberal. Quizás el más alentador
es el caso de Luis Inacio Lula da Silva en Brasil, quien ganó
las elecciones presidenciales de octubre pasado con 63% de
los votos. Lula es la primera figura del Partido de los Trabajadores
(PT) y, como todos saben, el PT es el pilar principal del
FSM.
La reunión de este año es, de muchos modos,
la celebración de un movimiento que, al alcanzar en
considerable medida la unidad política en medio de
la diversidad, ha cambiado la fisionomía de la política
brasileña.
(*) Walden Bello es catedrático de Sociología
y Administración Pública en la Universidad de
Las Filipinas y Director de Focus on the Global South, una
organización con sede en Bangkok.
|