| Fernando Solanas contra
los demonios
Por Dalia Acosta
Pasaron más de diez años desde el estreno de
“Tango, el exilio del Gardel”, un clásico
del nuevo cine latinoaméricano. Pero la película,
del cineasta argentino Fernando Solanas, sigue siendo poco
conocida, aún en América Latina. Algo similar
sucede con las obras del mexicano Arturo Ripstein, el cubano
Humberto Solás o el brasileño Fernando Meirelles.
El cine de los países del Sur y la producción
independiente de países europeos o de Estados Unidos
se exhibe en festivales o cineclubes, pero siguen siendo marginados
por los grandes circuitos de distribución, las salas
cinematográficas y las emisoras de televisión,
regidas por los designios del mercado.
Por eso, afirmó Solanas en una conferencia dictada
en el estadio Gigantinho, en el marco de la programación
del Foro Social Mundial, cuando se nos pide diversidad y pluralidad
“debemos exigir reciprocidad”.
Admitió que el intercambio con producciones de otras
zonas del mundo es indispensable, porque ninguna cultura “puede
enriquecerse a puertas cerradas”, pero “ninguna
cultura puede justificar con elementos democráticos
la ocupación del 80 por ciento de la comunicación
mundial”, añadió ante un público
numeroso que lo aplaudió una y otra vez, sin necesidad
de traducción.
El cineasta argentino, director de varias películas,
como “La hora de los hornos” y “Sur”,
calificó de “genocidio cultural” el predominio
de las producciones de Hollywood, que ocupan entre 80 y 90
por ciento de las pantallas del mundo.
“Hay decenas de naciones y pueblos que aún no
producen sus propias imágenes”, y en su lugar
ven “imágenes, memorias, estéticas, lenguas
y gestos que les son ajenos”, indicó.
La Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia,
la Educación y la Cultura (UNESCO), advirtió
que la mitad de las lenguas que se hablan hoy en el planeta
podrían desaparecer en 30-40 años. Esto representa,
a juicio del director cinematográfico, “un acto
de barbarie cultural”.
Para Solanas hay que quitarle espacios a Hollywood, pero
también a los cinco o seis grupos que en América
Latina poseen la propiedad y el control de los grandes medios
de comunicación, como Globo en Brasil, Televisa en
México o Cisneros en Venezuela.
Como alternativas al modelo dominante propuso la aprobación
de leyes nacionales que regulen el espacio audiovisual, la
creación de redes alternativas de distribución,
y la búsqueda de fórmulas de integración,
entre las que citó la creación de un canal de
televisión del Mercosur.
“Ningún país puede vivir sin el espejo
de sus imágenes. Ese espejo es donde vamos a dibujar
y construir nuestra propia identidad. La homogenización
del lenguaje sería como hacer un yogourt del talento
y de la inteligencia humana”, sentenció el cineasta.
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