| AMERICA LATINA: Más
pobreza y menos servicios sociales
Gustavo González
SANTIAGO, dic (IPS) - La repetida fórmula de un año
para olvidar no sirve para aludir al mal desempeño
económico de América Latina en 2002, porque
la recesión deja como porfiado recuerdo un renovado
aumento de la pobreza, acompañado del deterioro de
los ingresos y de los servicios sociales.
Los cálculos de la Comisión Económica
para América Latina y el Caribe (Cepal) indican que
este año la cantidad de pobres creció en unos
siete millones, de los cuales seis millones corresponden a
la categoría de indigentes o de extrema pobreza, debido
sobre todo al colapso de Argentina.
Con ello, las personas que no puede cubrir sus necesidades
esenciales suman 221 millones, una cantidad que equivale a
44 por ciento de la población de la región,
mientras que la indigencia dentro de ese porcentaje trepó
de 2001 a este año de 18,6 a 20 por ciento de los latinoamericanos.
América Latina y el Caribe vivió un ciclo de
moderado crecimiento económico entre 1990 y 1997, que
le permitió reducir cinco por ciento la pobreza, aunque
continuó siendo mayor en tres puntos porcentuales al
indicador de 1980, precisó el secretario ejecutivo
de Cepal, el economista colombiano José Antonio Ocampo.
Los años 80, con la crisis de la deuda externa de
por medio, pasaron a la historia como la década perdida
para el desarrollo latinoamericano. Una situación que
se reprodujo en el escenario económico registrado de
1997 a 2002.
En estos cinco años, ”la región se caracterizó
por un estancamiento del crecimiento económico y de
la lucha contra la pobreza y, en algunos casos, por un franco
retroceso”, señaló Ocampo.
”No es, por lo tanto, exagerado afirmar que la población
latinoamericana se ha visto afectada por las negativas consecuencias
de media década perdida”, apuntó.
María Becerra, de 33 años, habitante de un
”campamento” (conjunto de viviendas precarias)
en el municipio Peñalolén, de Santiago, se queja
de que este año empeoraron sus condiciones de vida.
”Mi marido, albañil, estuvo seis meses sin trabajo
y se fue a buscar empleo al norte (del país), pero
no he vuelto a saber de él. Me dejó sola con
los cinco críos, la mayor de 12 y el menor apenas de
dos años”, contó la mujer a IPS.
Becerra, convertida forzadamente en jefa de hogar de la noche
a la mañana, trabaja por horas como empleada doméstica,
mientras la mayor de sus hijas se encarga del cuidado de los
hermanos más pequeños por la tarde, cuando no
va al colegio municipal.
Así, esta mujer pasó en 2002 a formar parte
de ese 40 por ciento de latinoamericanos que conforman una
fuerza laboral informal, carente de contratos de trabajo,
de previsión y cuyo acceso a los servicios sociales
es muy dificultoso.
La economía informal y las desregulaciones no han
sido una solución real para corregir las desigualdades
en América Latina.
Las remuneraciones al trabajo, entendidas como salarios y
ganancias, representan alrededor de 80 por ciento de los ingresos
en la región, según los cálculos más
actuales de Cepal, basados en estadísticas de 1999.
Los hombres jefes de hogar aportan alrededor de 45 por ciento
de los ingresos, mientras las contribuciones de las mujeres,
en aumento, alcanzan a 32 por ciento. El aporte de las personas
de entre 15 y 24 años es de 12,5 por ciento y el de
los mayores de 65 años de 3,3 por ciento.
La acción del Estado en cuanto al suministro de servicios
sociales básicos, en este panorama de salarios deprimidos
por la crisis, debería ser un instrumento de lucha
contra la extrema pobreza y de asignación de recursos
en pro de una distribución más equitativa de
los ingresos.
Sin embargo, aunque no existen estudios actualizados del
impacto de la ”media década perdida” en
materia de servicios básicos, no es arriesgado estimar
un fuerte deterioro de los mismos en aquellos países,
como Argentina, más golpeados por la recesión.
El gasto público social por habitante en la región
era hasta 1997 de 225 dólares por habitante, de los
cuales menos de un tercio, 73 dólares, correspondía
al área social básica de educación, salud
y agua potable rural y de bajo costo.
En un estudio de los expertos Enrique Ganuza, Arturo León
y Pablo Sauma, con información de 13 países,
se estableció que el dinero destinado a servicios sociales
básicos era sólo 12,4 por ciento del gasto público
total.
Para alcanzar la meta de una cobertura total de los servicios
sociales básicos se calculaba entonces que era necesario
aumentar los recursos hasta 20,4 por ciento del gasto público,
meta que a la luz de la evolución económica
de los últimos cinco años se hace prácticamente
inalcanzable.
La región, con la caída del producto en torno
a uno por ciento para este año, está muy lejos
de llegar al crecimiento que se requiere para alcanzar en
2015 la meta de reducir a la mitad la población pobre,
como se estableció en la Cumbre del Milenio de 2000
convocada por la Organización de las Naciones Unidas.
Para lograr ese objetivo, América Latina debería
crecer a razón de cuatro por ciento como promedio anual,
pero los países con mayor pobreza deberían hacerlo
a un ritmo de siete por ciento, los de pobreza media a 4,1
por ciento y los de menor pobreza a 2,9 por ciento, según
Cepal.
Ocampo advirtió que depender sólo del crecimiento
económico no reducirá la cantidad de pobres
e indigentes sino que se requiere de ”políticas
económicas que, además de buscar la ampliación
de la base productiva y el aumento del producto nacional,
contemplen la redistribución progresiva de los ingresos”.
Es decir, el viejo dilema de siempre, que no encuentra solución
en el mercado como único regulador de la economía.
(FIN/2002)
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