| BRASIL: Reforma previsional,
reto económico y social de Lula
Mario Osava
RIO DE JANEIRO, 31 dic (IPS) - Luiz Inácio Lula da
Silva eligió como prioridad económica, una vez
que asuma el gobierno de Brasil este miércoles, reformar
la previsión social para reducir el déficit
fiscal y corregir una de las grandes desigualdades del país.
Modificar el sistema previsional es un desafío político
tan grande como es, en términos operacionales y económicos,
erradicar el hambre entre los 54 millones de pobres brasileños,
la principal meta social anunciada por Lula para sus cuatro
años de mandato.
El mismo izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) de
Lula, que en pocas horas más se hará cargo de
la presidencia y defiende reformas previsionales profundas,
ayudó a rechazar medidas con el mismo objetivo del
actual presidente Fernando Henrique Cardoso, precisaron miembros
del gobierno saliente.
La fuerte resistencia de sindicatos, políticos y trabajadores
en general, en especial funcionarios públicos, permitió
que la oposición, aunque muy minoritaria, impidiera
la aprobación de propuestas para aumentar el mínimo
de edad jubilatoria y exigir contribuciones de los funcionarios
públicos retirados.
Sin embargo, una amplia reforma de ese sistema es considerada
indispensable para equilibrar las cuentas del gobierno, ya
que la previsión constituye la segunda mayor fuente
del déficit público, sólo superada por
los intereses de la deuda.
El futuro ministro de la Previsión, Ricardo Berzoini,
anunció que promoverá un cambio radical, como
es la unificación de las reglas de jubilación,
poniendo fin a los dos regímenes actualmente en vigor.
Los trabajadores del sector privado se jubilan con un ingreso
máximo de 1.561 reales (unos 445 dólares), mientras
los funcionarios públicos lo hacen con montos iguales
a los de sus colegas en actividad y a veces hasta superiores
por la promoción de rango al retirarse.
En la actualidad, dos tercios de los 20 millones de jubilados
y pensionistas del sector privado ganan sólo el salario
mínimo, fijados en 200 reales (unos 57 dólares).
La brutal reducción de ingresos obliga a muchos a seguir
trabajando después del retiro, en general en el sector
informal de la economía.
En cambio, los jubilados de la administración nacional,
de los gobiernos estaduales y municipales reciben en promedio
ocho veces más que quienes trabajaron en la actividad
privada.
Esa distorsión significa que el sector público
responda por más de tres cuartos del déficit
de la previsión social, calculado este año en
70.000 millones de reales (20.000 millones de dólares)
por el ministro saliente, José Cechin.
Así, pocos millones de los llamados ”inactivos”
del servicio público cuestan tres veces más,
en términos de déficit público, que 20
millones de jubilados de las empresas privadas o del trabajo
por cuenta propia.
Esa antigua desigualdad no era cuestionada hasta que se agravó
en las dos últimas décadas por la reducción
del techo impuesto a la jubilación privada. Pero ahora
se hizo intolerable, no por cuestiones éticas, sino
por el desequilibrio de las finanzas públicas.
El gobierno de Lula tendrá que doblegar los intereses
de las propias bases del PT, donde se destacan los funcionarios
públicos, además de la oposición parlamentaria,
para impulsar su reforma previsional.
Berzoini, miembro del PT y ex presidente del Sindicato de
Bancarios de Sao Paulo, cree que será posible convencer
de la necesidad de la medida a la población, incluso
a los afectados. ”No habrá previsión social
segura” para nadie si quiebra el país, argumentó.
Su propuesta, aún en elaboración, es que haya
un sistema único, con un techo, similar al fijado para
el sector privado. Los que quieren elevar sus ingresos después
del retiro deberán contribuir a fondos de pensión.
Pero los cambios no perjudicarían a los funcionarios
públicos ya jubilados, cuyos ”derechos adquiridos”
serían respetados.
En tanto, para los empleados estatales en actividad se definiría
una regla de transición, aplicándose el régimen
actual para el periodo trabajado hasta que se apruebe el nuevo
sistema unificado.
Todo indica que no será fácil la aprobación
parlamentaria de la medida en elaboración, ya que se
trata de una enmienda constitucional que exige mayoría
de 60 por ciento de los diputados y senadores, en dos votaciones
en cada una de las ramas legislativas.
La coalición gubernamental, que asumirá este
miércoles, encabezada por el PT la suma de pequeños
partidos, dispone sólo de 240 diputados en 513 y de
40 por ciento del Senado de 81 miembros, admitió el
coordinador político del futuro gobierno, José
Dirceu.
Pero Lula espera que la búsqueda de un ”pacto
social”, en el que deben estar involucrado todos los
sectores del país, pueda contribuir a la aprobación
de proyectos polémicos como este de la previsión
social.
Para eso está constituyendo un Consejo de Desarrollo
Económico y Social, que tendrá representantes
del gobierno, de empresarios, sindicatos, movimientos sociales,
intelectuales y de organizaciones no gubernamentales, para
apoyar iniciativas necesarias al progreso de Brasil.
Obtener consenso en torno a la reforma previsional es el
primer objetivo encargado al secretario de ese Consejo, Tarso
Genro, otro dirigente del PT.
Genro fue alcalde de Porto Alegre, la meridional ciudad brasileña
que se convirtió en símbolo del ”modo
de gobernar del PT”, que la administra desde hace 14
años con intensa participación popular. (FIN/2002)
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