| BRASIL: Comienza gobierno
de sueños y esperanzas
Mario Osava
RIO DE JANEIRO, 2 ene (IPS) - Una fiesta callejera, colorida
de rojo, celebró la investidura de Luiz Inácio
Lula da Silva como nuevo presidente de Brasil, inaugurando
un gobierno que despierta esperanzas tanto en el país
como en el exterior.
Varios centenares de autobuses procedentes de todas partes
de Brasil convergieron en Brasilia, transportando gente que
por ninguna razón quiso perderse ”ese momento
histórico”.
”Lula es nosotros en el gobierno”, dijeron muchos
campesinos, obreros o desempleados que por primera vez en
la vida se pusieron un traje para saludar al ex obrero metalúrgico
que alcanzó la presidencia después de tres intentos
frustrados desde 1989.
Muchos eligieron la bicicleta para cruzar el país
y juntarse a las 200.000 personas que, según los organizadores
de la fiesta, se concentraron el miércoles en la Explanada
de los Ministerios y la Plaza de los Tres Poderes para ver,
oír y aclamar al nuevo presidente, tratado como un
ídolo y un héroe nacional.
Francisco das Chagas Souza, conductor de autobuses, fue uno
de esos ciclistas, quien tardó 27 días en recorrer
los 2.150 kilómetros entre San Luis, capital del nororiental
estado de Maranhao, y Brasilia. También Ronaldo Alves
pedaleó 1.800 kilómetros y Marcos Soares Fernandes
1.300 kilómetros para ver a Lula.
Por su parte, Antonio Francisco dos Santos, fotógrafo
jubilado, optó por un sacrificio mayor. Caminó
1.100 kilómetros durante dos meses desde la meridional
ciudad de Campinas a Brasilia.
Lula, su vicepresidente José Alencar Gomes da Silva
y las respectivas esposas desfilaron en automóviles
abiertos en medio de la multitud. La policía no pudo
contener el entusiasmo popular.
Algunos simpatizantes lograron acercarse, tocar e incluso
abrazar al nuevo presidente, mientras una mujer logró
hacerse fotografiar a su lado. Muchos invadieron el agua del
estanque delante del Congreso Nacional, construido justamente
para evitar el acercamiento de manifestantes populares.
Una delegación especial, aplaudida por la multitud,
fue la de 39 parientes y pobladores de Caetés, la ciudad
natal de Lula ubicada en el empobrecido nordeste del país,
que les llevó 30 horas en autobús para llegar
a Brasilia, a 2.100 kilómetros de distancia.
Esa movilización espontánea, la emoción
reflejada en el llanto de muchos, la multitud cantando el
himno nacional y el ”olé, olé, olá”
de la campaña electoral de Lula en 1989 compusieron
el traspaso de mando con mayor participación popular
de la historia brasileña.
La capital del país se convirtió así
en un gran circo, donde predominó el rojo, el color
del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), liderado
por Lula.
La presencia de jefes de Estado y de gobierno extranjeros
se limitó a 13, debido a las inconveniencias de la
fecha, el 1 de enero. Concurrieron principalmente presidentes
de América del Sur, además del cubano Fidel
Castro, el portugués Jorge Sampaio y el sudafricano
Thabo Mbeki.
Lula declaró que el Mercado Común del Sur (Mercosur,
compuesto por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) y su
integración con el resto de América del Sur
serán prioridad en su política externa.
La crisis que afrontan casi todos esos países hace
que los planes de Lula, de reanudar el crecimiento, desarrollar
el mercado interno brasileño y acercarse a los vecinos
con una visión estratégica y generosa, representen
una esperanza de mejores tiempos para el sur de América.
Lula y el PT aparecen también hoy como un aliento
y un ejemplo para la izquierda y movimientos renovadores de
muchos países, especialmente en Argentina que enfrenta
una grave crisis económica, política e institucional.
A partir de ahora el 1 de enero, aniversario de la revolución
cubana, será también la fecha del inicio del
gobierno de Lula en Brasil, señaló Castro, en
reconocimiento de la importancia del hecho para América
Latina.
En tanto, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez,
afirmó que el nuevo gobierno brasileño abre
un ”nuevo camino”, que puede beneficiar a toda
la región.
Pero las esperanzas no se limitan a la izquierda y a los
pobres. Expectativas favorables también contagiaron
a empresarios y otras corrientes políticas.
Una encuesta indicó que 77 por ciento de los industriales
consultados en Sao Paulo, el estado más rico de Brasil,
esperan un ”bueno” o ”excelente” gobierno
de Lula.
La confianza se basa en la búsqueda de un acuerdo
nacional para el crecimiento económico, similar al
promovido en Estados Unidos por el presidente Franklin Roosevelt
(1932-1945) para superar la crisis iniciada en 1929.
El nuevo gobierno brasileño tiene una mayoría
de ministros del PT, pero el área económica
es dominada por líderes empresariales, reflejando la
alianza ”entre capital y trabajo”.
Lula dijo en el acto de su investidura como presidente en
el Congreso Nacional que ”cambio será la palabra
clave” en su gobierno, por elección del pueblo,
pero sin rupturas.
Confirmó que la erradicación del hambre, la
reforma agraria, el crecimiento económico con redistribución
del ingreso y sin inflación serán sus metas.
”Generar empleos será mi obsesión”,
afirmó ante los parlamentarios.
También resaltó su compromiso con la transparencia
administrativa y el combate contra la corrupción, el
desperdicio y la impunidad, añadiendo la seguridad
pública entre sus prioridades, ante el aumento de la
criminalidad en el país.
Todo eso y las reformas del sistema previsional e impositivo
y de la legislación laboral se harán por medio
de un pacto social, a será discutido en el Consejo
de Desarrollo Económico y Social, a instalarse este
mes y en el que participarán representantes de empresarios,
trabajadores y de otros sectores de la sociedad.
”Soy el resultado de una historia, estoy concretando
el sueño de generaciones y generaciones que, antes
de mí, intentaron y no lograron” realizarlo,
señaló Lula ante la multitud en la Plaza de
los Tres Poderes, después de recibir la banda presidencial
de su antecesor Fernando Henrique Cardoso. (FIN/2003)
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