| BRASIL: Lula envía
señales de advertencia al ALCA
Mario Osava
RIO DE JANEIRO, 2 ene (IPS) - El gobierno de Luiz Inácio
Lula da Silva endurecerá la posición de Brasil
en la negociación para crear el ALCA a juzgar por los
nuevos conductores del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Así lo indica la designación como secretario
general de la cancillería, segundo puesto en importancia
de esa cartera, de Samuel Pinheiro Guimaraes, quien es un
enemigo declarado del ALCA (Area de Libre Comercio de las
Américas).
Sus fuertes críticas públicas al acuerdo continental
en gestación hicieron que en abril de 2001 el entonces
canciller Celso Lafer lo destituyera del cargo de director
del Instituto de Investigación de Relaciones Internacionales.
El nuevo jefe de la política exterior brasileña,
Celso Amorim, sorprendió a los medios diplomáticos
al anunciar a Pinheiro Guimaraes como su principal auxiliar,
durante la ceremonia de traspaso del cargo el miércoles
por la noche en Brasilia.
Lafer ni siquiera se quedó para recibir los saludos
como ministro cesante, después de conocer la decisión
de su sucesor.
Pinheiro Guimaraes se convirtió en los últimos
dos años en un vocero del movimiento contra el ALCA,
divulgando sus argumentos a través de varias entrevistas
y artículos.
Con ese perfil se destacó en el Foro Social Mundial,
que desde comienzos de 2001 reúne anualmente a activistas
del movimiento social, partidos de izquierda y organizaciones
no gubernamentales en la meridional ciudad brasileña
de Porto Alegre.
El ALCA representa una especie de anexión de los países
de América Latina a Estados Unidos, la pérdida
de soberanía y la imposibilidad de poner en marcha
proyectos nacionales de desarrollo, ha señalado en
muchas oportunidades Pinheiro Guimaraes.
Esa era una posición común entre dirigentes
del izquierdista Partido de los Trabajadores antes de la campaña
electoral que condujo a su líder, Lula, al triunfo
de las elecciones presidenciales de octubre.
El propio canciller Amorim es un diplomático identificado
con la izquierda y que se destacó en defensa intransigente
de los intereses nacionales como representante ante la Organización
Mundial de Comercio, con sede en Ginebra, antes de asumir
la embajada en Londres el año pasado.
La batalla más polémica llevada a cabo por
Amorim en la OMC fue la disputa con Canadá, debido
a acusaciones recíprocas de práctica de subsidios
en el financiamiento de las exportaciones de aviones de la
Empresa Brasileña de Aeronáutica y de la canadiense
Bombardier.
El gobierno que hasta el miércoles encabezó
Fernando Henrique Cardoso obtuvo una victoria parcial en esa
instancia, al obtener un derecho de represalia comercial superior
al concedido a Canadá, después de varios años
de pelea.
Amorim fue también el negociador de la integración
en los primeros años del Mercado Común del Sur
(Mercosur), que reúne Argentina, Brasil, Paraguay y
Uruguay, y como miembros asociados a Bolivia y Chile.
Su experiencia es variada. Hace dos décadas dirigía
la estatal Empresa Brasileña de Filmes, que subvencionaba
la producción cinematográfica nacional, y luego
ocupó altos cargos en el Ministerio de Ciencia y Tecnología.
Amorim confirmó, al asumir la cancillería,
las orientaciones delineadas por Lula durante la ceremonia
de su investidura como presidente de Brasil, realizada el
miércoles en el Congreso Nacional.
El Mercosur y la integración de América del
Sur serán las prioridades del nuevo gobierno, pero
la política externa brasileña no se concentrará
en una sola región o grupo de países ni se limitará
a una sola dimensión, afirmó el nuevo canciller.
Brasil negociará el ALCA, ”sin prejuicios”,
aseguró Amorim, para señalar luego que Pinheiro
Guimaraes, su colega en tareas anteriores que permitieron
desarrollar relaciones de confianza, ejecutará las
políticas definidas por el presidente y el canciller,
por encima de sus opiniones personales.
Lula sostuvo que buscará con Estados Unidos mantener
relaciones ”maduras, en base al interés recíproco
y el respeto mutuo”. Además de las potencias
del Norte, Brasil se acercará a los grandes países
en desarrollo, como China, India, Rusia y Sudáfrica,
agregó.
La política exterior anunciada por Lula y Amorim,
que incluye defender la ”democratización de las
relaciones internacionales”, el fortalecimiento del
multilateralismo y la ampliación del Consejo de Seguridad
de la Organización de las Naciones Unidas, coincide
en general con la implementada por Cardoso.
Sin embargo, el discurso de asunción y los nombramientos
en la cancillería apuntan a una defensa más
firme de los intereses nacionales, en la medida que el nuevo
gobierno pretende impulsar el desarrollo del país en
base al fortalecimiento del mercado interno.
”Nuestra política externa reflejará los
anhelos de cambio expresados en las urnas” y ”será,
antes de todo, un instrumento del desarrollo nacional”,
destacó Lula en el momento de asumir la presidencia.
Brasil rechazará ”restricciones inaceptables
al derecho soberano del pueblo brasileño de decidir
sobre su modelo de desarrollo”, afirmó, tras
condenar ”los escandalosos subsidios agrícolas
de los países industrializados”.
Lula precisó que las negociaciones mundiales comprenden
no sólo reducciones arancelarias sino muchas reglas
que afectan los destinos de todos. (FIN/2003)
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