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"Con la verdad venceremos"
Gustavo González
El director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, propuso
ayer ante el II Foro Social Mundial una "ecología de
las comunicaciones" para enfrentar la contaminación
informativa de los poderes globalizadores, que a fuerza de repeticiones
convierten a menudo la mentira en verdad o la verdad en mentira.
Ramonet, panelista del seminario sobre Democratización de
las Comunicaciones y de los Medios, planteó que la contrainformación
desde fuentes independientes y de la sociedad civil contribuye a
descontaminar, pero debe hacerse con rigor para no caer en la misma
manipulación de los medios del establishment.
"Con la verdad venceremos", proclamó el periodista
francés, que habló en perfecto español para
un público que aplaudió con entusiasmo cada una de
sus intervenciones.
A una información regida por los valores de la globalización,
como son la ganancia, la eficiencia y la competencia, hay que anteponer
una comunicación con base en los valores de los ciudadanos
¾solidaridad, justicia, equidad y participación¾,
dijo a su vez el periodista argentino-italiano Roberto Savio, presidente
emérito de Inter Press Service (IPS).
Ramonet y Savio compartieron el panel con Joelie Palmieri, de la
agencia internacional de prensa feminista Les Pénélopes,
de Francia; Bolívar Osvaldo León, de la Agencia Latinoamericana
de Información, de Ecuador, y Jeff Cohen, de Equilibrio y
Rigor en los Medios, de los Estados Unidos.
El debate fue moderado por Anriette Esterhuysen, de la Asociación
para el Progreso de las Comunicaciones.
El diagnóstico de los panelistas fue coincidente: en el
mundo globalizado, la información se multiplica gracias a
las nuevas tecnologías y hay cuantitativamente más
medios, pero la concentración de su propiedad se acentúa,
al tiempo que el contenido de los mensajes se simplifica para el
consumo masivo. Resultado: desinformación.
En los Estados Unidos cinco grandes consorcios controlan prácticamente
todos los medios televisivos y de radiodifusión, dijo Cohen.
Entre 57 canales de televisión por cable una persona tendría
mucha capacidad de elección, pero no es así, agregó,
recordando una canción de Bruce Springsteen que dice "57
canales y nada para ver".
Para saber si una estructura de comunicaciones es democrática
no hay que ver la cantidad de canales y medios en general, sino
la diversidad de fuentes y de propietarios, señaló
el experto estadounidense.
Las leyes sobre libertad de prensa se concibieron para defenderla
de los ataques de los Estados, pero ahora la amenaza a este derecho
proviene más de las grandes corporaciones transnacionales,
en un escenario donde cada vez más se la confunde con la
libertad de empresa, indicó León.
Palmieri apuntó que en la actual estructura informativa
se produce una contaminación de las relaciones sociales,
confrontada por los grupos y actores de la sociedad civil, incluyendo
a las organizaciones de mujeres. Pero se requieren mayores lazos
a este nivel. "La interacción no es una cuestión
de especialistas, sino de solidaridad e interés general",
dijo.
En la globalización la información es una mercancía
que circula siguiendo las leyes del mercado de oferta y demanda.
Las empresas periodísticas estiman que las informaciones
tendrán alta demanda si son cortas, sencillas y distractivas,
dijo Ramonet.
La tendencia creciente es a producir informaciones gratuitas, mediante
la televisión de señal abierta, las radioemisoras
e incluso diarios que se regalan, pero en definitiva "no es
que las empresas vendan informacion a los ciudadanos, sino que venden
ciudadanos a los anunciantes", advirtió el director
de Le Monde Diplomatique.
A fuerza de repeticiones los medios transnacionales crean caricaturas,
en las cuales por ejemplo los países del Sur aparecen ya
sea como el paraíso, en un enfoque publicitario sobre sus
atractivos turísticos, o como el infierno, cuando la televisión
sólo informa de ellos cuando son escenario de tragedias naturales,
genocidios, guerras civiles o golpes de Estado, apuntó Ramonet.
Despues del 11 de septiembre de 2001 los medios transnacionales
adoptaron el discurso uniforme de que había chechenos entre
los talibanes, sin esperar a investigar en Afganistán. Esa
"verdad" fue una gran mentira: no hay chechenos detenidos
en Afganistán ni ningún checheno enviado a la prisión
de Guantánamo, comentó el periodista francés.
Pero tampoco pueden aceptarse rumores desde el lado de la contrainformación
que son también mentiras, como las versiones en Internet
tras el 11 de septiembre de que no murieron israelíes en
las torres gemelas o de que las imágenes de la CNN de palestinos
celebrando los atentados eran de 1992. "La contrainformación
debe ser rigurosa", subrayó Ramonet.
"La participación común es a la larga la contrainformación
más fuerte", sostuvo Savio. Para el fundador de IPS,
una comunicación desde la sociedad civil no puede basarse
en difundir rumores, sino en poner ideas, porque éstas son
confrontadas y crean espacios de intercambio y participación.
Savio, quien se declaró "arqueológico"
por su lucha desde los años 60 por un nuevo orden informativo,
señaló que el camino es la organización en
todos los niveles para poner la comunicación y sus instrumentos
al servicio de la sociedad civil, como lo demuestra el propio Foro
Social Mundial, que sin Internet no sería posible. Más
que el mercado, lo que importa son los ciudadanos, como actores
conscientes de la sociedad, dijo.
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