|
DESARROLLO: Babel pretende parir un mundo nuevo
por Mario Osava
La diversidad es fundamento del Foro Social Mundial, una babel
de delegados de todo el mundo, cargados de reclamos y de propuestas
de cambios globales.
Ese carácter variado complica la tarea de quienes ambicionan
reagrupar las fuerzas de izquierda a través de estos encuentros
anuales iniciados en 2001 como contrapunto al Foro Económico
Mundial de Davos, que cada año reúne banqueros, empresarios
y autoridades financieras.
Las mismas cifras del segundo Foro Social Mundial (FSM) dan una
medida de la dispersión, ya que participan unas 3.500 organizaciones
no gubernamentales, sociales y grupos de todo el mundo, con
19.000 representantes preinscriptos, superando el límite
de 12.000 fijado por la comisión organizadora.
Los organizadores esperan la presencia de 50.000 personas en las
24 conferencias y 800 seminarios o talleres del FSM, además
de otras miles en los foros paralelos específicos de autoridades
locales, de jóvenes, jueces, cineastas, ambientalistas, parlamentarios
e incluso de niños.
El foro de Porto Alegre convoca multitudes de intereses heterogéneos,
paralelos y a veces en conflicto, por lo cual articular todo eso
es un reto que parece imposible a corto plazo.
Se trata de ordenar un universo cuyo "big-bang" original
ocurrió en la década del 60, o en 1968 para los que
exigen un hito simbólico más preciso.
Hasta entonces era posible unir amplios sectores de la población
en base a intereses nacionales y a la lucha de clases.
Las relaciones y disputas entre capital y trabajo eran determinantes
para el bienestar social, y el sindicalismo era el instrumento principal
o exclusivo de lucha por avances sociales.
En los años 60 hubo una explosión de reclamos específicos,
con la irrupción de movimientos de bases sociales y objetivos
muy variados, desde el feminista, a los étnicos de distintos
colores, los ambientalistas, el pacifismo y las nuevas corrientes
culturales y religiosas.
En esa época se dio lo que se puede llamar revolución
de la diversidad, que tiene una expresión en la proliferación
actual de organizaciones no gubernamentales.
Los partidos y sindicatos hoy ya no logran responder a tantas cuestiones,
que pueden ser locales o planetarias, vinculadas a relaciones de
género o étnicas, amenazas ambientales o financieras.
Paralelamente a la multiplicación de los actores, el sindicalismo
perdió fuerza por otro proceso de las últimas décadas,
la fragmentación del mundo del trabajo ante un movimiento
inverso del capital, que se concentró en grandes bancos y
empresas nacionales o transnacionales.
La tercerización de tareas, el desempleo y la ocupación
informal dispersaron a los trabajadores, reduciendo la capacidad
de lucha de los sindicatos, que por naturaleza tienen su base de
apoyo en los empleados formales de la economía y defienden
sus intereses.
En muchos puntos, los intereses del sindicalismo no coinciden,
incluso se chocan, con los del feminismo, que amplió la población
activa y por lo tanto el desempleo, y con el ambientalismo, que
bloquea inversiones y la creación de nuevos empleos.
El FSM lleva al extremo la dilución del poder sindical,
así como de los partidos de izquierda, al no concederles
ningún tratamiento especial en medio de miles de organizaciones
no gubernamentales. Son los intelectuales invitados a exponer los
únicos que se destacan por los minutos de voz a que tienen
derecho.
El intento de superar la dispersión y darle alguna orientación
más unitaria al FSM, para mayor eficacia política,
no parece factible a corto plazo.
El mantenimiento de "la diversidad y la pluralidad" fue
defendido por Vía Campesina, organización mundial
de los pequeños agricultores y trabajadores rurales, en un
comunicado divulgado el 21 de este mes y en el cual manifestó
"preocupaciones" por "una tendencia a la institucionalización
de este Foro".
El FSM debe seguir como "plataforma abierta", donde "las
organizaciones puedan participar activa y libremente para proponer
alternativas", sostuvo el grupo.
Vía Campesina defiende las semillas como patrimonio común
de la humanidad, rechaza las siembras transgénicas y la exportación
de alimentos, mientras la población nacional sufre el hambre.
El rechazo a la "globalización neoliberal" parece
consensual entre los participantes del movimiento que muchos llaman
"antiglobalización".
El sociólogo portugués Boaventura de Souza Santos,
considerado uno de sus ideólogos, prefiere hablar de "globalización
alternativa", ya que el mismo FSM es global.
El foro y las actividades colaterales iniciadas el lunes sumarán
nueve días de intensas discusiones. La multiplicidad de asuntos
y posiciones dificultan identificar propuestas que podrán
servir de eje al "otro mundo posible" que el FSM se propone
diseñar.
Los avances, respetando la diversidad, serán necesariamente
lentos y se trata apenas del segundo encuentro de este tipo, creado
por el movimiento iniciado con las masivas manifestaciones contra
las instituciones consideradas instrumentos del neoliberalismo,
como el Fondo Monetario Interancional, el Foro de Davos y la Organización
Mundial de Comercio.
|